En el aula, los estudiantes que tienen bien desarrolladas sus funciones ejecutivas suelen organizar mejor su tiempo, seguir instrucciones con mayor facilidad y enfrentar desafíos académicos con mayor seguridad. Por el contrario, cuando estas habilidades no están fortalecidas, pueden presentarse dificultades en el aprendizaje, como distracción, impulsividad o falta de planificación.
Además, el desarrollo de las funciones ejecutivas favorece la autonomía del estudiante, ya que le permite tomar decisiones, reflexionar sobre sus acciones y asumir responsabilidades. Por ello, el docente tiene un rol clave en la estimulación de estas habilidades mediante actividades dinámicas y estrategias pedagógicas adecuadas (Araya & Espinoza, 2022).
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