Desde el ámbito educativo, las funciones ejecutivas son fundamentales porque ayudan a los estudiantes a mantener la atención, seguir instrucciones, resolver problemas y controlar impulsos. Por ejemplo, cuando un niño logra concentrarse en una tarea o espera su turno para participar, está utilizando sus funciones ejecutivas.
En este sentido, comprender estas habilidades permite a los docentes diseñar estrategias más efectivas que favorezcan el aprendizaje significativo. Como señalan Tirapu-Ustárroz et al. (2019), las funciones ejecutivas no solo influyen en el rendimiento académico, sino también en el desarrollo personal y social del estudiante.
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